Valientes y valiosos

10.10.11

Una estación fantasma



 Como siempre,  podéis clickar en las fotos para ampliarlas

Nos invitaron en fin de semana a una barbacoa en un pueblecito ferroviario que pertenece a Aranjuez, cuya estación de tren ya está en desuso. Una invitación irresistible; buen tiempo, mejor compañía, un lugar nuevo por visitar, y además, una barbacoa,
¡¡ no se le puede pedir más a la vida !!.

En el trayecto de coche, el iphone de Rocío se lució ; Ismael Serrano, Love of Lesbian, lo nuevo de Amaral y The Offspring sonaron aleatoriamente, animándonos más aún el día.



Por fin llegamos; la puerta de la casa se mostraba tímida. Gracias a unas cuantas pruebas tenaces de combinatoria se confió y  los dueños consiguieron que se abriera,  incluso para los extraños.

Iniciamos los preparativos de la barbacoa, que por supuesto, fue todo un éxito. A lo largo de los vaivenes para acomodarnos, comentarios sobre cómo está la situación actual - los más jóvenes , con carrera universitaria , másters , idiomas y acreditaciones a tutiplén , no alcanzan un trabajo que no sea con contrato temporal, o en su defecto, el de demandadísimo becario, lo que no dice mucho a favor de la gestión empresarial. Preocupación por el futuro y miedo a quedarse atrapados en el curro "que hay", el que desempeñan actualmente mientras buscan sus castañas, un trabajo que por supuesto no está relacionado con lo que han estudiado, que no les llena y que les queda pequeño. Pero tienen aguante, arrojo, no pierden la esperanza y van a por todas, así que estoy convencida de que si continúan así, lo conseguirán. Después, entre chascarrillos y chistes varios, alojamos en la mesa los entremeses y la ensalada. La barbacoa estaba lista, y  nos dedicamos a llenar la pancita. Qué deciros; fue tremenda. Había de todo y no quedó casi de nada; sobró ensalada porque los chicos despreciaron "lo verde" y acometieron los pinchitos, las alitas de pollo, el chorizo, la morcilla...
Tras la comilona, la sobremesa; juegos que desataron las risas, complicidad, la estrategia, que algunos confundieron con sadismo puro y duro dada la paliza ( figurada ) que recibieron. . .

La guinda la puso un paseo por el pueblo. Dos filas de casitas dispuestas a cada extremo de la vía. Una estación impregnada en la belleza de la desolación, con sus dos filos bien registrados; el encanto que destila y el abandono que cercena los edificios.


Mientras duró la luz, pasamos un buen rato haciendo el indio sobre las vías del tren,

curioseando entre trenes jubilados ,


y gozando de la observación de los detalles que ofrecía una complaciente tarde de otoño.




Para nuestra contrariedad,  la iglesia / escuela no estaba abierta 


nos la anotamos como una excusa para volver en otra ocasión.
Cuentan que en su interior se puede ver esto:



La luz se marchaba y nosotros también; tocó recoger, alejarse de un lugar por el que hay que pasar de nuevo para cosechar nuevas vivencias, tan estupendas al menos como las que recogimos el día que nos fuimos de barbacoa a Algodor.


Todas las fotos son de Rocío Campos

3 comentarios:

PsicoAlhana dijo...

Me encantaría que me llevaras en tu bolso en esos viajes que haces.

Besos hermosa!

Rocío Campos dijo...

Este lugar tiene algo mágico en esa soledad que le caracteriza. Un lugar secreto que muy pocos conocemos...
Besos!!

Raquel dijo...

Bonito post y bonito lugar.
Besos!!