Valientes y valiosos

3.12.10

Rayuela



Por lo demás, hay que ser imbécil, hay que ser poeta, hay que estar en la luna de Valencia para perder más de cinco minutos con estas nostalgias perfectamente liquidables a corto plazo.
Cada reunión de gerentes internacionales, de hombres-de-ciencia, cada nuevo satélite artificial, hormona o reactor atómico aplastan un poco más estas falaces esperanzas.
El reino será de material plástico, es un hecho. Y no que el mundo haya de convertirse en una pesadilla orwelliana o huxleyana; será mucho peor, sera un mundo delicioso, a la medida de sus habitantes, sin ningún mosquito, sin ningún analfabeto, con gallinas de enorme tamaño y probablemente dieciocho patas, exquisitas todas ellas, con cuartos de baño telecomandados, agua de distintos colores según el día de la semana, una delicada atención del servicio nacional de higiene, con televisión en cada cuarto, por ejemplo grandes paisajes tropicales pare los habitantes del Reijavik, vistas de igloos pare los de La Habana, compensaciones sutiles que conformaran sodas las rebeldías, etcétera. 
Es decir un mundo satisfactorio pare gentes razonables. 
¿Y quedará en él alguien, uno solo, que no sea razonable? 
En algún rincón, un vestigio del reino olvidado.
En alguna muerte violenta, el castigo por haberse acordado del reino.
En alguna risa, en alguna lagrima, la sobrevivencia del reino.
En el fondo no parece que el hombre acabe por matar al hombre.
Se le va a escapar, le va a agarrar el timón de la maquina electrónica, del cohete sideral, le va a hacer una zancadilla y después que le echen un galgo.
Se puede matar todo menos la nostalgia del reino, la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña. Wishful thinking, quizá; pero esa es otra definición posible del bípedo implume. 
Julio Cortázar 

2 comentarios:

la hija de caronte dijo...

me encanta este señor :)

S. dijo...

Precioso.
Viernesssssssssssssssssssss