Valientes y valiosos

6.12.09

Para recordar

Como no quiero que se me entinten los recuerdos del corazón, tengo que escribir sobre ayer, o cómo un día en el que tienes que ir a currar se puede convertir en una tarde encantada.

Por arte de birlibirloque, a la salida del trabajo, un chico guapo espera en la puerta con un ramo de flores destinado a mí personita. Las sonrisas se multiplican, ¡pues claro! y hay que cogerse de la mano para no desaparecer entre tantísima gente que hay en el centro de Madrid, un sábado cercano a la Navidad.

Abracadabra; brilli brilli por aquí, y unas vueltas por allá, acabamos en la Plaza Mayor, dónde aparecen recién sacadas de la chistera, casitas holandesas repletas de mercancías, un carrousel reluciente, alegres risas de niños y burbujas de jabón de todos los tamaños y colores.

Así es como  NO estaba la Plaza Mayor

Vemos que hay personas que se adornan la testa con gorros - abeto, gorros - reno, gorros - muelle, gorros - cuernos y gorros - arito de ángel. También, muy navideño todo, se venden pelucas, láseres de Star Wars - esto ya sí que empieza a parecer Navidad para una Darth como yo - y cortaúñas con la bandera de España que también se pueden llevar como práctico llavero.
 
Una vuelta por la plaza de Oriente para recuperar algo de paz, y por recovecos (algo) menos frecuentados, descubrimos que hay clientes que toman sus consumiciones  en la calle, sentados en sillas de metal pertenecientes a la terraza de la chocolatería Valor, a unos 5ºC, estimando por lo alto, de temperatura ambiente. Hay una cola inexplicable para entrar en la cafetería, que llega hasta el inicio de la calle. Empiezo a comprender el por qué del nombre de esta empresa de chocolates...

Vuelta la algarabía y el ambiente navideño, lucecitas - de bajo consumo, dicen - un armazón de árbol de color azul en Plaza de España, y un abeto de verdad, verde y oro en Callao, custodiando la mini pista de patinaje sobre hielo para peques que se ha instalado. Hacemos algunas compras y volvemos a casa, pero no quiero que se me olvide, que esta tarde pese a la asfixia que puede resultar de compartir espacio público con tantísima gente, si miras hacia el cielo puedes encontrar oxígeno en las burbujas de jabón que los niños intentan atrapar. Tan sólo alzar la mirada cielo arriba, y puedes encontrar justo al lado la esperanza, cuando crees que los días mediocres te ganarán el pulso,  pero descubres que hay unos dedos que te acarician el interior de la muñeca distraídamente, y eso es todo lo que necesitas para recobrar las fuerzas y vencer el combate.


1 comentario:

PsicoAlhana dijo...

Oh!!! ke bonita historia preNavideña...y los chocolates que bien sientan eh?